Los brazos u hojas de los parabrisas tienen una fina tira de goma a lo largo de su estructura para poder limpiar el agua. Cuando la hoja es nueva, la goma está limpia y no tiene grietas o malformaciones. Es capaz de limpiar el agua sin dejar pequeños regueros de agua por el camino. Sin embargo, según pasa el tiempo, los brazos (y las gomas) se empiezan a deteriorar y dejan de limpiar de la misma manera al no poderse ajustar a la luna del coche, y dejando estrías de agua. Algunas veces se les puede dar algo más de vida limpiando el brazo con un paño mojado en limpiador de cristales hasta que no salga más suciedad.
La presión ejercida sobre las gomas a lo largo del brazo, es también un factor importante para su buen funcionamiento. Por este motivo podemos ver que la parte donde está la goma va interconectada por varios puntos a lo largo del brazo. Si nivel o hielo se condensan en los brazos, puede hacer que la distribución de la presión no sea igual en todos los puntos, causando que la presión sobre el cristal varíe y el funcionamiento sea defectuoso. Algunos fabricantes de parabrisas fabrican unas hojas especiales de invierno con una cubierta alrededor de la goma para mantener fuera el hielo y la nieve.
Muchos coches tienen un diseño de parabrisas muy similar: Dos hojas se mueven juntas para limpiar la luna delantera. Una de las hojas pivota desde un punto más cercano al lado del conductor, y la otra hoja pivota cerca del punto central de la luna delantera. En la siguiente figura podemos ver los diferentes sistemas que utilizan los parabrisas para realizar los movimientos:
Hay algunos otros diseños en otro tipo de coches. Por ejemplo, Mercedes utiliza un único brazo que se extiende y se retrae según hace el barrido por el cristal. Este diseño provee de una buena cobertura, pero es más complicado que un sistema dual estándar. Algunos coches utilizan hojas de parabrisas que están montadas en ambos lados opuestos de la luna delantera, y se mueven en direcciones opuestas. Otros tienen una única hoja montada justamente en el centro y desde donde realiza el movimiento. De todos modos, estos sistemas no son tan eficaces como el sistema doble comentado antes.
La mayoría de los parabrisas tienen varias velocidades, donde generalmente tenemos una velocidad lenta y otra rápida. También hay un modo intermedio que es intermitente. Cuando los parabrisas están en modo lento o rápido, el motor funciona de forma continua. En el modo intermitente, los parabrisas paran un momento en cada barrido. Hay varios tipos de conmutadores para parabrisas. Algunos coches solo tienen una velocidad de intermitencia, y otros tienen hasta diez velocidades de intermitencia que podemos seleccionar.
Sea cual sea el controlador que tengas en tu coche, ponerlos de forma correcta puede tener su dificultad – si es demasiado rápido, el cristal se seca deprisa y los parabrisas chirrían; demasiado lento y la lluvia bloquea nuestra visibilidad. Por este motivo, perder algunos minutos para ver como es el funcionamiento de estas velocidades, nos puede ayudar mucho para ajustarlo según la necesidad que tengamos.