Para terminar con nuestro artículo sobre los llamados coches de whiskey utilizados en la gran depresión estadounidense, veremos como eran los coches y los conductores con algo más de profundidad. En el anterior artículo nos hemos centrado en la historia y los motivos que tenía la gente para dedicarse a esta forma de contrabando, y ahora veremos las herramientas utilizadas. No hace falta decir que los coches del whiskey tenían que ser rápidos. Los grandes Motores V8 eran la norma, y los conductores los manipulaban para que fueran incluso más rápidos con supercargadores y turbos para aprovechar hasta el último caballo de potencia que se le pudiera sacar al motor. Muchos de estos contrabandistas conducían Fords con los motores V8 modificados, aunque una de estas modificaciones que se hizo muy popular fue poner el motor de un Cadillac en la estructura – el mismo motor que usaban las ambulancias. Otro tipo de motores se utilizaban también, buscando siempre la facilidad y la efectividad, incluso por encima de los motores Ford.
A diferencia de las carreras NASCAR, donde los coches se mantienen lo más cerca de cómo salen de fábrica, los coches del whiskey eran siempre modificados para darles ventajas sobre las fuerzas del orden. Esto incluye algunas modificaciones que no siempre eran para poder coger la mayor velocidad, sino que podía ser para ir por terrenos que los coches de policía normales eran incapaces. Algunos coches añadían conmutadores en el salpicadero que podía cortar las luces de freno cuando les estaban persiguiendo, ya así la policía no sabía cuando estaban frenando – de esta manera los policías eran engañados en las curvas, y las cogían a demasiada velocidad. Las modificaciones en la suspensión eran también una clave. No solo ayudaban a que el coche se condujera mejor, sino que ayudaba sobre todo cuando la carga era muy grande.
Había también otras interesantes modificaciones en la carga. Paneles escondidos en el maletero, asientos y puertas permitían llevar la carga ilegal para que fuera oculta, incluso si paraban el coche y hacían una inspección. Sin embargo, la policía pronto se dio cuenta de estos trucos, por lo que conseguir huir de ellos seguía siendo la prioridad. Aquí es donde la pericia de los conductores entraban en juego. Los conductores de estos coches solían ser gente joven. Mientras que es fácil vislumbrar un joven de veinte huyendo de la policía, piensa en alguien más joven. Los conductores podían tener incluso catorce años. Como parte de la familia de granjeros o agricultores de la zona, estos jóvenes miembros de la familia eran usados para operar y trabajar en la maquinaria de la granja, y usar coches y camiones era algo habitual. Como se ha dicho, hacer contrabando en el sur solía ser un negocio familiar.
Los mejores conductores tenían una mezcla de habilidad innata, nervios templados y buen conocimiento de la zona, que les permitía huir con relativa facilidad. Un truco muy utilizado en aquellos tiempos era poner luces y sirena a sus coches de contrabando. Cuando se acercaban a una zona donde sabían que circulaba la policía o en un control con barrera, ponían las luces y sirena. La policía, pensando que eran unos colegas, quitaban la barrera y antes de que se pudieran dar cuenta, ya habían pasado.
Los conductores tenían su propia forma de hacer las cosas y su propia “firma”. Muchos de estas maniobras luego eran imitadas por otros dada la efectividad que tenían. Una de estas maniobras – que ya hemos visto en infinidad de películas – es hacer un giro de 180 grados y quedarse en dirección opuesta a donde iban, lo cual no daba tiempo a la policía a dar la vuelta. Conocer el terreno también permitía conducir mucho más rápido que los perseguidores, ya que sabían a que velocidad podían tomar las curvas. Aun así, muchos conductores murieron llevando su vehículo al límite. Los conductores tenían como mecánicos unos buenos conocimientos ya que las modificaciones las hacían generalmente ellos mismos. Los policías conocían bien sus coches, pero no tenían la ventaja de poder diseñar sus propios coches específicamente para el tipo de conducción y el terreno que se solían encontrar en las persecuciones.
Mientras que este tipo de actividades se mantuvo hasta los años setenta en el sur en mayor o menor medida, lo que la gente considera la edad de oro de esta actividad, acabó al empezar la segunda guerra mundial, cuando la mayoría de los conductores se alistaron al ejército. Cuando volvieron, encontrarnos forma más legítimas de usar sus talentos.