Siguiendo con nuestro artículo anterior, utilizaremos un poco la imaginación. Estamos a principios de los años setenta y un astronauta del Apolo está dándose una vuelta por la luna con algunos de sus colegas. Necesita explorar un cráter que está a unos cuantos kilómetros de distancia, por lo que decide coger su buggy lunar. Se sube al compartimiento central de la estructura de aluminio de unos tres metros de largo, dos metros de ancho y casi un metro de altura. Es prácticamente del tamaño de un Volkswagen Beetle. Uno de sus colegas se une al primero en el otro asiento mientras el primero hace algunos ajustes en el LRV (Lunar Roving Vehicle). El equipo de comunicaciones y de navegación se encuentra en el compartimiento frontal, y dispone de una antena de alta ganancia para las fotografías y los datos, una antena de baja ganancia para la voz, y una cámara de televisión. Lo completan dos baterías de 36 voltios.
En el centro del compartimiento hay dos asientos, la unidad de pantalla y el control para conducir el lunar buggy. El compartimiento de almacenamiento que está detrás de los astronautas tiene las herramientas y bolsas para extraer y guardar las muestras de roca. Debajo de ellos hay cuatro ruedas hechas de dos franjas de aluminio (una interna y otra externa), mientras que los neumáticos en si están hechos de un material galvanizado hecho con tiras de titanio y cables.
El conductor designado mira abajo hacia su pantalla en el centro de su LRV, y encima de esta pantalla hay otra que es la de navegación. También se puede ver un velocímetro, algunos botones de reseteo y algunos componentes más para ayudar a que el vehículo se puede mover por la superficie lunar sin problemas. Entre los botones se encuentra los botones de encendido del vehículo, que distribuyen la energía desde las dos baterías. Más abajo tenemos dos monitores para controlar las baterías y los conmutadores que controlan la electricidad de los motores y los controladores del vehículo.
Antes de que el astronauta pueda empezar a conducir, tiene que completar la lista de verificación, donde lo primero que tiene que hacer es comprobar con un compás solar (que también está incorporado en el buggy lunar) el posicionamiento del sol. Una vez que hace da esta lectura a la gente que está a cargo del control de la misión, envían datos de vuelta para poder programar el navegador del ordenador. Esta lectura le da al ordenador de navegación del LRV, un punto de referencia cerca del módulo lunar, el cual es la nave Apollo de aterrizaje que sirve de hogar base mientras están en la luna.
Mientras está en funcionamiento, el ordenador hace un seguimiento del buggy lunar usando un giroscopio y midiendo la distancia por medio de las revoluciones de las ruedas. El compás en la pantalla muestra el norte. Una vez que toda la verificación está hecha, se puede empezar a mover. En la siguiente parte del artículo, veremos como se conduce uno de estos buggies lunares. Lo puedes ver pulsando aquí.