Todos podemos reconocerlos por la calle, y si tenemos alguna duda, podemos hacer algo de memoria y recordar la película “The Italian Job” donde el Mini Cooper era la estrella. En el mundo del automóvil, los fabricantes tienden a desarrollar un modelo de coche y entonces hacerle modificaciones para reinventarlo cada cierto número de años para reflejar los cambios necesarios y deseos de los mercados. Ocasionalmente, cada cierto tiempo aparece el diseño de un coche que apenas se toca durante décadas. Este tipo de coches suelen ganarse un público entusiasta cuya pasión por el modelo suele verse como algo exagerado para los que lo ven desde fuera. Esto es lo que ha pasado con el Mini, el cual aparte de algunos cambios, sigue teniendo una apariencia característica.
La historia del Mini Cooper la podemos ver yéndonos un poco hacia atrás hasta los años cincuenta, cuando la corporación British Motor decidió desarrollar un coche pequeño, eficiente y fiable. Al mismo tiempo, Inglaterra estaba en medio de una crisis de petróleo y el ahorra de combustible era una necesidad. Muchos de estos coches tenían motores por debajo de los 700 centímetros cúbicos, y se les llamaba microcoches, también conocidos como coches burbuja. Muchos de ellos eran producidos en Alemania, y solían ser difíciles y poco seguros de conducir. En pocos años, el concepto del coche evoluciono empezando a tomar la forma que todos conocemos hoy en día.
El secreto de los Mini era un revolucionario método de instalación del motor. Se decidió crear un motor montado de forma transversal, lo cual significa que se diseñó el coche por lo que el motor se podía poner de lado. Además de esto, se montó el motor en la parte frontal del coche, cerca de las ruedas delanteras. Las ruedas delanteras llevaban el coche y el peso adicional en la parte delantera le daba al Mini más estabilidad en los giros. El espacio ahorrado por la colocación del motor, permitía más sitio para los pasajeros. De hecho, parecía más grande por dentro que por fuera.
Este pequeño automóvil también tenía un velocímetro colocado en el centro del salpicadero, y unos cuantos timbres y silbatos. En la segunda generación de prototipos, se decidió mover el Mini a una producción masiva. En Agosto de 1959, los primeros Minis salieron de las cadenas de producción y entraron en posesión de los conductores británicos.
A principios de los años sesenta, un constructor de coches de carreras llamado John Cooper se puso en contacto con British Motors con la intención de alterar un Mini en un coche de carreras viable. No fue acogido demasiado bien, ya que la idea del Mini era que fuera un coche para el usuario de pie de calle. Aun así, la insistencia de Cooper resultó en una asociación que creo el primero Mini Cooper, un coche que ganó múltiples carreras, incluyendo tres victorias en el rally de Montecarlo. Según avanzaban los años sesenta, se hicieron varias alteraciones al motor y al propio cuerpo del coche. Así nació el Mini Cooper S.
En la siguiente parte del artículo, veremos las nuevas generaciones de Mini Cooper y sus características más visibles. Para verlo, pulsa aquí.