Lo primero que hay que comprender sobre los radares de tráfico es que no tienen casi nada en común con los radares militares usados en defensa civil, los radares usados por los controladores aéreos, o los utilizados por los meteorólogos para darnos el tiempo. Todos esos sofisticados radares pueden medir la velocidad de los objetos, su distancia de la estación de radar, y una forma general que permite darles una identificación. Otra diferencia es que cuestan suma de dinero bastante mayor que los radares de tráfico.
Los radares de tráfico en cambio, pueden ser de un tamaño variado, y su coste se puede ajustar al presupuesto de cualquier pequeño municipio. Por norma general, podemos decir que los radares de tráfico son dispositivos con capacidades limitadas.
La primera limitación que nos encontramos es la cantidad de terreno que el radar puede cubrir. Todos los radares anteriormente mencionados, usan un rayo que barre 360 grados alrededor de la torre de supervisión. Todos los objetivos aparecen en una pantalla. Los radares de carretera usan un rayo variable, moviéndose hacia delante y atrás, pero no en ambos sentidos a la vez. Por ello, el área de vigilancia está bastante limitado.
La segunda limitación es la cantidad de información que puede dar. Este tipo de radares no tiene una pantalla donde aparecen los objetos. Solo un pequeño lector digital, por lo que la información entregada es un número.
El rayo de los radares de tráfico viaja en líneas rectas y son fácilmente reflejadas. Lo objetos metálicos como coches, camiones y otros vehículos tradicionales, hacen que el fenómeno reflector sea más efectivo, enviando destellos de microondas en todas direcciones, como si fueran haces de luz. Estos destellos no pueden ser vistos por el ojo humano ya que son invisibles para nosotros, pero son fácilmente detectables por un dispositivo electrónico, en este caso una radio sintonizada a la frecuencia del microondas. De hecho, este tipo de radio conectada a una antena compacta es la base de todos los radares de tráfico.
Lo que hacen estos radares, es “alumbrar” con su rayo toda la carretera que consigue abarcar, y cuando tu coche entra en el campo activo del rayo, las microondas rebotan en el coche y la antena de radar busca los reflejos producidos.
Te preguntarás ¿Cómo consigue el radar saber la velocidad que llevas solamente con estos reflejos de microondas? La respuesta es sencilla, usa un fenómeno físico conocido como el principio de Doppler. Un ejemplo clásico de este principio es lo que oyes si te paras en las vías del tren. Según se acerca el tren, oyes el sonido a un volumen determinado. En el instante en que pasa y se aleja, el volumen baja de volumen. De hecho, el tren está haciendo el mismo sonido al llegar como al irse, pero desde un punto fijo como el nuestro, la velocidad del tren añade volumen según se acerca y lo elimina según se aleja. Este cambio de volumen se llama cambio Doppler, y la magnitud del cambio depende solo de la velocidad del tren.
Los radares de tráfico aplican el principio de Doppler a las microondas. El reflejo de microondas de un coche acercándose será elevado y disminuirá al irse. El radar compara este cambio de frecuencia, a la frecuencia original que mando en el rayo inicial, y con esta diferencia calcula la velocidad la cual aparece en el lector.
Una cosa de la que podemos estar seguros, es que un radar de tráfico solo puede localizar un objetivo a la vez. Tiene un lector y muestra un número. ¿Dónde coge este número? Si hay varios coches y camiones en la carretera o autopista, ¿Cómo puede dar solo un número? Este puede que sea una de las mayores limitaciones de estos radares. Una de las maneras más efectivas, es programar el dispositivo para que considere el reflejo más fuerte. Esto es lo que se suele hacer en los radares de tráfico. Esto puede causar errores, y por eso se introduce el elemento humano. Un operador debe mirar el número y decidir qué o quién es responsable de el, y usar métodos alternativos como fotografías para definir el objeto.